Artículo N° 12 - Realidades sorprendentes sobre el futuro del trabajo
En el debate actual sobre el futuro de nuestra profesión contable, es fácil sentirse abrumado por todas las noticias que salen día a día. La inteligencia artificial (IA) domina los titulares, generando una mezcla de optimismo y ansiedad por lo que se viene.
Lo primero que estamos presenciando es el desacoplamiento del verdadero el valor profesional que tienen los títulos profesionales y/o académicos. Durante generaciones, un título universitario fue el pasaporte al éxito, y muchas familias apostaban todo a que sus hijos fueran profesionales. Hoy, en los campos de mayor crecimiento, esa premisa ya no es prenda de garantía. Estamos en presencia de un verdadero auge de las contrataciones basadas en habilidades, una tendencia donde las competencias demostrables superan a los diplomas o títulos que pueden tener los concursantes. La razón más evidente para ser que los sistemas de educación formal están teniendo dificultades para seguir el ritmo acelerado del mercado laboral, lo que ha generado un fuerte desequilibrio, especialmente en sectores emergentes como la inteligencia artificial.
En la actualidad, el mandato estratégico para las organizaciones es ineludible. Ya no basta con confiar en los títulos o diplomas como prueba de preparación, la verdadera ventaja competitiva está en la validación de competencias reales y aplicables. Esto obliga a las empresas a rediseñar sus procesos de selección y desarrollo de talento, pasando de verificar credenciales a evaluar, con rigor, las capacidades que generan valor en la práctica.
El segundo desajuste que se está produciendo es la preparación profesional que entregan los años de experiencia. Durante años, la «brecha de habilidades» ha dominado las discusiones, porque no se puede conseguir un empleo sin experiencia, pero es imposible adquirirla sin un primer empleo. Lejos de ser un problema nuevo, se está agravando principalmente porque la IA y la automatización están eliminando muchos de los puestos de entrada que tradicionalmente servían de peldaño para adquirir experiencia. Además, el trabajo remoto ha ido erosionado el modelo de aprendizaje informal, donde los profesionales juniors absorbían conocimiento por proximidad con colegas senior.
Esta realidad que se presenta con mayor fuerza cada día nos obliga a repensar radicalmente las vías de entrada al mercado laboral. La solución está basada en modelos como los de formación desde el trabajo, las pasantías de alto valor y la creación deliberada de oportunidades de desarrollo interno para que las personas participen de los procesos se convierten en una necesidad estratégica para construir los puentes que el mercado por sí solo ya no es capaz de ofrecer.
El tercer desacoplamiento es el de la productividad real de la simple adopción tecnológica. La narrativa dominante sobre la IA se centra en la eficiencia, pero una revisión más profunda está revelando impactos silenciosos que no se pueden apreciar a simple vista. Según un estudio de la firma Deloitte, 6 de cada 10 trabajadores ya consideran a la IA como un compañero de trabajo, y esta nueva dinámica está generando tensiones inesperadas en los ambientes de trabajo.
Una de las principales causas está en la nueva colaboración entre humanos y máquinas. Cuando este vínculo no se diseña adecuadamente, comienzan a aparecer efectos secundarios importantes. En la práctica, las personas están quedando a cargo de las tareas más difíciles y exigentes, mientras la inteligencia artificial asume las labores rutinarias. Esto incrementa la carga cognitiva y la presión sobre los trabajadores, que ahora no solo deben cumplir sus funciones, sino también entrenar, supervisar y corregir a las propias máquinas.
El cuarto desacoplamiento tiene que ver con algo que muchos experimentamos casi a diario, que es la diferencia entre estar ocupados y ser realmente productivos en nuestros puestos de trabajo. En el mundo laboral actual, parecer estar ocupados se ha transformado casi en un símbolo de éxito para las personas. Pero la realidad al parecer es muy distinta, según el estudio de la firma Deloitte, los trabajadores reconocen que cerca de un cuarto de su jornada laboral se pierde en lo que llaman trabajo sobre el trabajo, es decir, correos electrónicos, reuniones innecesarias, elaboración de informes y coordinaciones que no generan valor real para la organización. En otras palabras, se hace mucho, pero se produce muy poco de lo que realmente importa.
Finalmente, estas cuatro realidades nos muestran que el futuro del trabajo ya no se mide con los mismos parámetros que lo hacíamos antes. Ahora el valor no solo está en el título académico, sino en las habilidades que realmente aplicamos. La preparación no se cuenta en años, sino en la experiencia que somos capaces de generar. La productividad no depende de la tecnología por sí sola, sino de cómo diseñamos formas de colaboración más humanas y sostenibles. Y el rendimiento no se define por estar ocupados, sino por nuestra capacidad de concentrarnos en lo que realmente importa.
Publicado en el Diario El Pingüino
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