Donaciones, planificación familiar y prudencia tributaria
En materia tributaria, no todo beneficio debe ser mirado solo desde el ahorro inmediato. Muchas veces, detrás de una rebaja atractiva, existe una decisión patrimonial, familiar y legal que debe analizarse con serenidad. Eso ocurre con la propuesta de rebaja transitoria del 50% al impuesto a las donaciones, una medida que, en principio, puede parecer una oportunidad interesante para anticipar transferencias de bienes entre padres, hijos, cónyuges u otros asignatarios familiares.
El tema no es menor. En Chile, la planificación sucesoria suele postergarse hasta que ya es demasiado tarde. Muchas familias no conversan oportunamente sobre la transmisión de sus bienes, la continuidad de sus empresas, el destino de sus inmuebles o la forma en que se distribuirá el patrimonio familiar. En ese contexto, una norma que reduzca temporalmente el costo tributario de donar en vida puede abrir una conversación necesaria: cómo ordenar el patrimonio de manera transparente, legal y responsable.
Sin embargo, la prudencia obliga a mirar el cuadro completo. Esta rebaja, según el proyecto no constituye una exención total del impuesto, sino una disminución del 50% del tributo determinado. Además, tendría requisitos específicos: plazo limitado, escritura pública, declaración patrimonial, respeto de asignaciones familiares, límites respecto del patrimonio total del donante y participación activa del Servicio de Impuestos Internos en la revisión del cumplimiento de las condiciones.
Aquí aparece el punto central: una donación no es simplemente “pasar un bien” de una persona a otra. Es un acto jurídico y tributario que puede generar efectos presentes y futuros. Puede incidir en la carga tributaria del donatario, en el costo tributario de los bienes recibidos, en futuras ventas, en eventuales herencias y en la exposición completa del patrimonio familiar ante la autoridad fiscalizadora.
La experiencia profesional demuestra que muchas contingencias no nacen de la mala fe, sino de la improvisación. Familias que por años han administrado sus bienes de manera informal pueden verse enfrentadas a problemas cuando intentan regularizar todo en una sola operación. Lo mismo ocurre con sociedades patrimoniales, bienes raíces inscritos a nombre de distintas personas, préstamos familiares no documentados o traspasos que nunca fueron analizados desde el punto de vista tributario.
Desde el Colegio de Contadores no queremos desalentar la planificación patrimonial, muy por el contrario, queremos promoverla. Pero una planificación seria no puede confundirse con una búsqueda apresurada de beneficios. Planificar significa revisar antecedentes, documentar decisiones, valorizar correctamente los bienes, analizar los efectos tributarios y coordinar el trabajo de abogados, contadores y asesores especializados.
En este punto, el rol del profesional contable colegiado es fundamental. No basta con conocer la norma; se requiere criterio profesional para anticipar riesgos, revisar la coherencia entre declaraciones de impuestos y patrimonio acumulado, evaluar los efectos contables y tributarios de una donación, y acompañar al contribuyente en una decisión que involucra no solo impuestos, sino también familia, empresa y continuidad patrimonial.
Chile necesita avanzar hacia una cultura tributaria más preventiva. No esperar la fiscalización, no regularizar a última hora, no tomar decisiones por comentarios de pasillo o por publicaciones incompletas en redes sociales. La planificación familiar y patrimonial debe hacerse bien, con documentos, con números claros y con asesoría profesional responsable.
La eventual rebaja al impuesto a las donaciones puede ser una oportunidad. Pero como toda oportunidad tributaria, debe ser evaluada caso a caso. Para algunos contribuyentes puede resultar conveniente; para otros, quizás el régimen general, la planificación sucesoria tradicional o una reorganización patrimonial distinta sea más adecuada.
El llamado que hacemos es simple: antes de donar, consulte. Antes de firmar, revise. Antes de mirar solo el ahorro, mida el riesgo. Y, sobre todo, acérquese a profesionales contables colegiados, porque una buena asesoría no solo ayuda a pagar correctamente los impuestos; también protege el patrimonio, evita conflictos familiares y entrega tranquilidad frente al cumplimiento tributario.
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