Los herederos del FUT y la necesidad de una decisión tributaria bien asesorada
La discusión sobre las utilidades pendientes de tributación vuelve a instalarse con fuerza en el debate tributario nacional. Según información publicada por Diario Financiero, los saldos acumulados en registros como el RAI y el STUT mantienen montos significativos de utilidades empresariales que aún no han completado su tributación final, incluso superando en magnitud el tamaño del PIB chileno. Además, la ley miscelánea contempla una ventana transitoria para retirar estos recursos pagando un impuesto sustitutivo de 10%.
Este tema, aunque pueda parecer técnico o reservado a grandes empresas, tiene una relevancia mucho más amplia. Detrás de estos registros existen sociedades familiares, empresas regionales, patrimonios acumulados por años de trabajo y decisiones de inversión que no siempre han sido comprendidas en toda su dimensión tributaria. Por ello, más que mirar esta ventana como una simple oportunidad de ahorro, corresponde analizarla como una decisión financiera, patrimonial y tributaria de alto impacto.
El antiguo FUT fue eliminado formalmente con la reforma tributaria de 2014, pero sus efectos no desaparecieron de un día para otro. Parte de esa lógica continuó expresándose en registros posteriores, especialmente en aquellos que acumulan utilidades no retiradas o pendientes de tributación final. En términos simples, hablamos de recursos que ya forman parte de la historia financiera de muchas empresas, pero que aún pueden generar efectos tributarios relevantes cuando sean retirados, distribuidos o reorganizados.
La eventual aplicación de un impuesto sustitutivo de 10% puede resultar atractiva para ciertos contribuyentes. Sin embargo, no existe una respuesta única. La conveniencia dependerá del tipo de socio o accionista, de la tasa marginal que enfrentaría en el futuro, de los créditos disponibles por Impuesto de Primera Categoría, de la liquidez de la empresa, de sus planes de inversión, de una eventual reorganización patrimonial e incluso de procesos sucesorios pendientes.
En sociedades familiares, por ejemplo, esta discusión no debe separarse de la planificación de largo plazo. Muchas empresas han acumulado utilidades durante décadas para financiar capital de trabajo, adquirir activos, sostener empleo o enfrentar ciclos económicos complejos. Retirar esos recursos sin una evaluación integral puede debilitar la posición financiera de la empresa. Pero, al mismo tiempo, no analizar la alternativa puede significar perder una oportunidad legítima de ordenar la carga tributaria futura.
Desde regiones extremas como Magallanes, esta reflexión adquiere una especial sensibilidad. Las empresas locales enfrentan mayores costos logísticos, mercados más pequeños, dependencia de sectores específicos y una estructura económica donde la continuidad empresarial es clave para el empleo y el desarrollo regional. Por eso, cada decisión tributaria debe mirarse no solo desde la norma, sino también desde la realidad económica de cada contribuyente.
La invitación, entonces, es a evitar decisiones apresuradas. Una ventana transitoria no debe transformarse en una carrera por pagar menos impuestos sin comprender sus consecuencias. Tampoco debe ser descartada por desconocimiento o temor. Lo correcto es revisar los registros tributarios, validar los saldos acumulados, proyectar escenarios, evaluar el impacto financiero y documentar adecuadamente la decisión adoptada.
En este punto, el rol del contador vuelve a ser fundamental. La tributación moderna exige mucho más que llenar formularios: requiere interpretación normativa, análisis financiero, criterio profesional y responsabilidad ética. Frente a alternativas como esta, el contribuyente necesita acompañamiento experto para distinguir entre una oportunidad legítima, una decisión inconveniente o un riesgo mal dimensionado.
Como Colegio de Contadores, creemos que estos temas deben abordarse con seriedad, transparencia y sentido de responsabilidad. La planificación tributaria no es evasión; es una herramienta legítima cuando se realiza dentro del marco legal, con sustento económico y con adecuada documentación. Pero para ello se requiere asesoría profesional competente.
Por eso, nuestra recomendación es clara: antes de tomar una decisión respecto de utilidades acumuladas, impuestos sustitutivos, retiros o reorganizaciones patrimoniales, asesórese con un contador inscrito en el Colegio de Contadores. En materias tributarias, una decisión bien orientada puede significar tranquilidad, cumplimiento y continuidad; una decisión improvisada puede transformarse en un problema difícil de corregir.
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