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Artículo N° 18 - El Rol del Auditor en la Era de la Inteligencia Artificial

Como ya nos hemos referido en publicaciones de anteriores, nos encontramos en el umbral de una de las transformaciones más significativas de nuestra profesión desde la adopción masiva de herramientas como Excel. La llegada de la Inteligencia Artificial (IA) no es una amenaza lejana, sino el catalizador de una evolución tan inevitable como necesaria. Así como hoy sería impensable realizar una auditoría con una calculadora, pronto resultará igualmente ineficiente y limitado hacerlo sin el apoyo de sistemas inteligentes.

Como profesión, desde hace bastante tiempo, tenemos definido que la Inteligencia Artificial no eliminará al auditor, sino que lo transformará profundamente. El valor de nuestro trabajo ya no residirá en la ejecución de tareas mecánicas y repetitivas, sino en la supervisión estratégica de la tecnología, la aplicación de un juicio crítico potenciado por datos y el despliegue de habilidades interpersonales complejas. Estas capacidades, intrínsecamente humanas, se convierten hoy en el verdadero corazón de nuestra profesión y en nuestro principal diferenciador.

Para adaptar nuestra profesión con visión de futuro, primero debemos dimensionar la magnitud y la velocidad de la fuerza que impulsa este cambio. La historia de la tecnología nos enseña una lección crucial: la mayoría de las innovaciones se sobreestiman en el corto plazo y se subestiman en el largo plazo. Corremos el riesgo de caer en un escepticismo prematuro, ignorando una fuerza sistémica que ya evoluciona a un ritmo vertiginoso, impulsada por tres pilares fundamentales: una infraestructura de hardware y energía cada vez más potente, algoritmos que se perfeccionan a sí mismos y un acceso a volúmenes de datos sin precedentes.

La verdadera revolución para la auditoría no radica en la automatización por sí misma, sino en la reasignación inteligente de tareas. La IA se convierte en un aliado que asume las labores más repetitivas y de procesamiento masivo, liberando al auditor para que pueda concentrarse en actividades de mayor valor agregado, donde el juicio profesional y el escepticismo son irremplazables.

Dado que las tareas de cálculo y procesamiento masivo de datos ya no son nuestro principal diferenciador, el futuro de la profesión depende del desarrollo de un conjunto de habilidades esencialmente humanas, pero potenciadas por la tecnología. Surge así el concepto del «auditor biónico»: un profesional que amalgama su experiencia y juicio con las capacidades analíticas de la IA.

 

Es una contradicción esencial: para supervisar a la IA, debemos ser técnicamente más competentes que nunca. Es imposible validar los resultados de un algoritmo si no conocemos en profundidad la respuesta correcta. Hemos escuchado profusamente que la IA no reemplaza nuestro juicio profesional, sino que lo potencia. Nos ofrece nuevas variables, perspectivas y análisis que enriquecen nuestra capacidad de decisión, pero la responsabilidad final de interpretar y concluir sigue siendo nuestra.

La nueva alfabetización profesional incluye aprender a «hablar» con la IA. La habilidad de formular prompts (instrucciones) efectivos se vuelve crucial para obtener resultados de alta calidad. Debemos aprender a configurar, dirigir y supervisar el trabajo de los «agentes» de IA, interpretando sus resultados con escepticismo profesional. La habilidad clave ya no es solo «hacer», sino saber pedir, configurar y cuestionar.

Al liberarnos de las tareas más rutinarias, se abre un espacio invaluable para dedicar más tiempo a las habilidades interpersonales, o «power skills». La empatía para entender los verdaderos problemas del cliente, la comunicación para explicar hallazgos complejos de manera clara y persuasiva, y la flexibilidad para adaptarnos a un entorno de cambio constante se convierten en competencias centrales. Pasaremos más tiempo con las personas, comprendiendo los procesos y los desafíos del negocio.

El desafío para los auditores a corto plazo es urgente y directo, y se resume en una advertencia clave: «No te va a reemplazar la inteligencia artificial, te va a reemplazar alguien que sepa utilizar la inteligencia artificial». Este es un llamado a la acción para cada profesional de la contabilidad y auditoría. La capacitación, la curiosidad y la adopción proactiva de estas herramientas ya no son una opción, sino un imperativo para la supervivencia y el crecimiento profesional.

Sin embargo, debemos ser honestos sobre el futuro a largo plazo: este representa un tremendo signo de interrogación. La velocidad de esta tecnología es tal, que predecir su impacto final es un ejercicio de especulación. Pero es precisamente esta incertidumbre la que hace que nuestra acción hoy sea tan determinante.

Como Presidente del Colegio de Contadores de Magallanes, insto a cada uno de nuestros miembros a ser innovadores, autodidactas y flexibles. Asumamos la responsabilidad colectiva de guiar a nuestras empresas y al mercado a través de esta nueva era tecnológica con la ética, el rigor y la integridad que siempre han caracterizado a nuestra profesión. El futuro no es algo que nos sucede; es algo que, con visión y audacia, podemos y debemos construir.

Publicado en el Diario El Pingüino

 
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